Lo que sucedió a un rey que quería probar a sus tres hijos


Cuento XXIV – El conde Lucanor

[Cuento - Texto completo.]
Juan Manuel


Un día hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, y le dijo:
-Patronio, en mi casa se crían y educan muchos mancebos, que son hijos de grandes señores o de simples hidalgos, y en los cuales puedo ver cualidades muy diferentes. Por vuestro buen juicio y hasta donde os sea posible, os ruego que me digáis quiénes de esos mancebos llegarán a ser hombres cabales.
-Señor conde -contestó Patronio-, esto que me decís es difícil saberlo con certeza, pues no podemos conocer las cosas que están por venir y lo que preguntáis es cosa futura, por lo que no podemos saberlo con certidumbre; mas lo poco que de esto podemos intuir es por ciertos rasgos que aparecen en los jóvenes, tanto por dentro como por fuera. Así podemos observar por fuera que la cara, la apostura, el color, la forma del cuerpo y de los miembros son un reflejo de la constitución de los órganos más importantes, como el corazón, el cerebro o el hígado. Aunque son señales, nada podemos saber por ellas con exactitud, pues pocas veces concuerdan estas, ya que, si unas apuntan una cualidad, otras indican la contraria; con todo, las cosas suelen suceder según los indicios de estas señales.
»Los indicios más seguros son la cara y, sobre todo, la mirada, así como la apostura, que muy pocas veces nos engañan. No penséis que se llama apuesto al ser un hombre guapo o feo, pues muchos hombres son bellos y gentiles y no tienen apostura de hombre, y otros, que parecen feos, tienen mucha gracia y atractivo.
»La forma del cuerpo y de los miembros son señales de la constitución del hombre y nos indican si será valiente o cobarde; aunque, con todo, estas señales no revelan con certeza cómo serán sus obras. Como os digo, son simples señales y ello quiere decir que no son muy seguras, pues la señal sólo nos hace presumir que pueda ocurrir así. En fin, estas son las señales externas, que siempre resultan poco fiables para responder a lo que me preguntáis. Sin embargo, para conocer a los mancebos, son mucho más indicativas las señales interiores, y así me gustaría que supieseis cómo probó un rey moro a sus tres hijos, para saber quién habría de ocupar el trono a su muerte.
El conde le rogó que así lo hiciera.
-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, un rey moro tenía tres hijos y, como el padre puede dejar el trono al hijo que quiera, cuando se hizo viejo, los hombres más ilustres de su reino le rogaron que indicara cuál de sus tres hijos le sucedería en el trono. El rey contestó que, pasado un mes, les daría la respuesta.
»Al cabo de unos días, una tarde dijo el rey a su hijo mayor que al día siguiente, de madrugada, quería cabalgar y deseaba que lo acompañara. Aquella mañana, llegó el infante mayor a la cámara del rey, pero no tan pronto como su padre le había ordenado. Cuando llegó, le dijo el rey que quería vestirse y que le hiciera traer la ropa; el infante mandó al camarero que la trajese, pero el camarero le preguntó qué ropa quería el rey. El infante volvió a preguntárselo a su padre, el cual respondió que quería la aljuba; el infante volvió y dijo al camarero que el rey quería la aljuba. El camarero le preguntó qué manto llevaría el rey, y el infante hubo de regresar junto al monarca para preguntárselo. Así ocurrió con cada vestidura, yendo y viniendo el infante con las preguntas, hasta que el rey lo tuvo preparado todo. Entonces vino el camarero, que vistió y calzó al monarca.
»Cuando el rey estuvo ya vestido y calzado, mandó al infante que le hiciera traer un caballo, y el infante se lo dijo al caballerizo; este le preguntó qué caballo quería el rey. El infante volvió a preguntárselo a su padre, y lo mismo ocurrió con la silla de montar, el freno, la espada y las espuelas; es decir, con todos los aparejos necesarios para cabalgar, preguntándole siempre al rey lo que quería.
»Cuando ya estaba todo preparado, dijo el rey al infante que no podía dar el paseo a caballo, pero que fuera él por la ciudad y se fijara bien en todas las cosas que viera, para que luego se las contara.
»El infante cabalgó en compañía de los hombres más ilustres de la corte y con músicos que tocaban tambores, timbales y toda clase de instrumentos. El infante dio un paseo por la ciudad y, cuando volvió junto al rey, este le preguntó qué opinaba de lo que había visto; le contestó el infante que todo estaba muy bien, salvo los timbales y tambores, que hacían mucho ruido.
»Pasados algunos días, el rey mandó al hijo segundo que fuese a su cámara por la mañana. El infante así lo hizo. El rey lo sometió a las mismas pruebas que al hermano mayor; el segundo obró como su hermano y respondió con las mismas palabras de su hermano.
»Y al cabo de pocos días, el rey mandó al hijo menor que viniese a verlo muy temprano. El infante madrugó mucho y se fue a las habitaciones del rey, donde esperó a que el rey despertara. Cuando su padre estuvo dispuesto, entró en la cámara real el hijo menor, que se postró ante su padre en señal de sumisión y respeto. El rey le ordenó que le trajeran la ropa. El infante le preguntó lo que quería ponerse para vestir y calzar, y de una sola vez fue por todo y se lo trajo, no queriendo ni permitiendo que nadie le vistiera sino él, con lo que daba a entender que se sentía orgulloso de que su padre, el rey, se viera cuidado y atendido solamente por él, pues era su padre y merecía cuantas atenciones le pudiera otorgar.
»Cuando el rey ya estaba vestido y calzado, ordenó al infante que hiciera traer su caballo. El infante le preguntó qué caballo deseaba, así como todo lo necesario para cabalgar, como la silla, el freno y la espada; también le preguntó quién quería que lo acompañase y cuantas cosas podía necesitar. Hecho esto, de una sola vez lo trajo todo y lo dispuso como el rey había ordenado.
»Cuando estaba todo dispuesto, el rey dijo al infante que no quería salir a pasear, que fuera él solo y que luego le contase todo cuanto viera. El infante salió a caballo acompañado por cortesanos y caballeros como lo habían hecho sus dos hermanos. Ninguno de ellos sabía qué pretendía el rey actuando así.
»Cuando el infante salió, mandó que le enseñaran el interior de la ciudad, las calles, el lugar donde se guardaba el tesoro real, las mezquitas y todos los monumentos; también preguntó cuántas personas vivían allí. Después salió fuera de las murallas y mandó que lo acompañasen todos los hombres de armas, de a pie y de a caballo, pidiéndoles que combatieran y le hicieran una demostración de su habilidad con las armas y cuantos ejercicios de ataque y defensa supieran. Luego revisó murallas, torres y fortalezas de la ciudad y, cuando lo hubo visto todo, volvió junto a su padre el rey.
»Regresó a palacio entrada la noche. El rey le preguntó por las cosas que había visto, contestándole el infante que, con su permiso, le diría la verdad. El rey, su padre, le ordenó que se la dijera, so pena de perder su bendición. El infante le respondió que, aunque lo consideraba un buen rey, no lo era tanto, pues si lo hubiera sido, como tenía tan buenos soldados y caballeros, tanto poder y tantos bienes, ya habría conquistado todo el mundo.
»Al rey le agradó mucho esta crítica sincera y aguda que le hizo el infante, por lo que, al llegar el plazo que había señalado a sus nobles, les señaló como heredero al hijo menor.
»El rey, señor conde, actuó así por las señales que vio en cada uno de sus hijos, pues, aunque hubiera preferido que le sucediera cualquiera de los otros dos, no lo juzgó acertado y eligió al menor por su prudencia.
»Y vos, señor conde, si queréis saber qué mancebo será hombre más valioso, fijaos en estas cosas y así podréis intuir algo y aun bastante de lo que cada uno llegará a ser.
Al conde le agradó mucho lo que Patronio le contó.
Y como don Juan pensó que era un buen cuento, lo mandó poner en este libro e hizo estos versos que dicen así:
Por palabras y hechos bien podrás conocer,
en jóvenes mancebos, qué llegarán a ser.
FIN

Autobiografías sintéticas: "Yo, instructor"


 
Yo, instructor, Carlos Andrés Piza Molina, nací en Medellín el 29 de febrero de 1976. Durante mi infancia y adolescencia fui educado bajo la doctrina cristiana la Sallista, en el colegio San Carlos, formado para el servicio al hermano y la comunidad.   A los 16 años ingrese a la universidad de Antioquia donde me forme como Ingeniero químico, durante este periodo logre obtener una visión crítica de los procesos productivos y aprendí a educarme de forma  autónoma bajo el modelo presentado por los maestros de ese entonces.  También obtuve una educación aplicada a práctica e investigación de las necesidades de la industria de vehículos a gas natural, generando aportes significativos, determinado el manejo de la variable que impedía que el rendimiento del vehículo fuera constante a medida que la altitud del lugar aumentaba.
A la edad de 24 años inicie mi vida laboral en la industria donde me desempeñe como jefe de tintorería, producción y laboratorio.  Esta experiencia me convirtió en un gran profesional en el área, y me enseño a competir en un mercado donde importa más producir que el ser , por la importancia que tiene el dinero.  Lo anterior hizo que me olvidara de ser y me preocupara más por el que hacer de las personas, me llevo a alto nivel de estrés y deterioro de la salud.
Para la edad de 37 años descubrí que lo había hecho hasta la fecha no me llenaba como persona y decidí buscar nuevos rumbos laborales y se me presento la oportunidad de ingresar al Sena, donde forme parte de grupo de instructores del área ambiental.  Desde ese momento pude retomar mi trabajo en comunidad, preocuparme mas por el ser que en qué hacer, formando individuos íntegros.  Ser instructor Sena me permitió darme tiempo nuevamente a capacitarme y aprender de nuevas tecnologías, en pocas palabras ser instructor Sena me permitió ser FELIZ.


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Yo, instructor, Pedro Pablo Diaz Sarmiento, soy diseñador industrial, especializado en joyería, trabaje para COMFAMA como instructor de joyera por espacio de 6 años, luego de eso estuve sin empleo 2 años en los cuales estudie en el Sena, termine la etapa lectiva de la tecnología iluminación soporte y electricidad para cine y TV en la sede central de Medellín, he trabajado como FreeLancer en el área de diseño comercial: diseño de stand, material pot y espacios comerciales. Actualmente llevo dos años en el Sena trabajando en el tecnólogo en Decoración de espacios interiores y también adelanto mis estudios en arquitectura en el Colegio Mayor de Antioquia. 
Considero que la docencia es una vocación de poder dar lo que uno bien conoce, transmitirlo de la manera más efectiva y versátil es talvez el reto, y es en esto en lo que me quiero fortalecer y crecer más cada día, porque pienso que el docente es el ser que esta llamado a estar cada día más actualizado y más ahora que en cuestión de días uno puede quedarse atrás, mi labor más importante son mis aprendices a ellos me debo en responsabilidad y dedicación.


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Yo, instructor, Edwin de Jesús Sepúlveda, soy Administrador de Obras Civiles, Especialista en Gerencia de Proyectos, Especialista en Interventoría técnica. Mi formación académica es de corte Conductista y Constructivista, la primer tipo de formación está relacionada con mucha fundamentación teórica relacionada con teorías sistémicas, administrativas y de procesos relacionados con las áreas de: Construcción, Edificación y Obras Civiles; el segundo tipo de formación está relacionada con la aplicación de modelos matemáticos (matemáticas aplicadas) desde diferentes enfoques: herramientas de administración, metodologías de diseño y control, etc (experiencia y práctica en el entorno laboral).
Mi experiencia es de dos tipos:  1.  Experiencia General: como Administrador de Proyectos de Construcción y Específica como Administrador de Procesos Constructivos específicos en obra, en las áreas de Costos Presupuestos y Programación.
Soy Instructor SENA por dos razones:  1. Me identifico plenamente con la Misión de la Institución y 2.  Me gusta enseñar y sumir dicho proceso de enseñanza como una metodología bidireccional de aprendizaje: me gusta mucho enseñar porque me gusta mucho aprender.  Además es gratificante desarrollar procesos de aprendizaje que cada día se purifican y perfeccionan desde el día a día (desarrollo curricular) incrementando competencias pedagógicas vitales para lograr un crecimiento humano integral.
Los conocimientos previos se incrementan y la facilidad para aprender también se potencia, logrando cada día un incremento en la calidad de la formación entregada.  
Definitivamente enseñar es un “NEGOCIO GANA GANA”.
Durante  mi desempeño como Instructor he aprendido métodos pedagógicos y andragógicos, he aprendido a esquematizar lógica y productivamente ideas de enseñanza, he desarrollado metodologías integrales de comunicación y he desarrollado la capacidad de mejorar ideas en tiempo real, acordes con la realidad y la norma: nuevos planteamientos aplicados.


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Yo, instructor, Ricardo García Martínez, hago esto como ejercicio forzado ya que usualmente no plasmo mis ideas mediante la escritura y mucho menos si la tarea es sobre mí mismo o mi quehacer, seguramente si tuviera un “querido diario” me sentiría más cómodo, pero algún gusto siento y aunque lo veo complicado lo encuentro interesante como reto, así que trataré de hacerlo lo más espontáneo que pueda.

Ricardo García Martínez, nacido en Circasia Quindío hace 43 años, hijo mayor de Hugo y Rosa Elvira, hermano de tres (3) mujeres: Beatriz Eugenia, Norma Constanza y Paula Andrea; católico, casado hace 18 años con “Mary” y padre de un niño que en dos meses cumple 10 años, Santiago, que sin temor a equivocarme digo que es la razón de ser de muchas cosas que hago.

Estudié en una escuela común y silvestre: La Simón Bolívar; en un colegio normalito de nombre “Libre” sin una línea de orientación definida. Acostumbrado a obedecer reglas y respetar las jerarquías gracias a la formación del hogar, terminé graduado como bachiller en tecnología en construcciones civiles de un centro vocacional denominado CASD.

Luego de dos años de rodar fuera del ámbito académico, ingreso a la Universidad del Quindío a estudiar tecnología en topografía por tres años, pues por condiciones de tipo económico y con la disculpa de que ya había perdido dos años de una carrera de cinco como ingeniería civil, una tecnología relacionada con obras civiles de las pocas que se ofrecen en la región cafetera sería una muy acertada decisión (eso me dije no muy convencido).

Me fue muy bien, ocupé el segundo lugar como mejor estudiante durante los seis semestres que duró la formación y solo tuve que pagar lo que denominan servicios de bienestar universitario. Me gradué en junio de 1994 y gracias a que la topografía de la Uniquindío gozaba de buena reputación inicié rápidamente mi vida laboral, siempre vinculado a empresas de obras civiles y construcción como AIA, Coninsa, Convel, Conconcreto, CCC, Fundación Compartir, la mayor parte del tiempo en tierra antioqueña. La verdad muy buena experiencia laboral, eso sí, como empleado.

Durante todo este tiempo participé en proyectos hidroeléctricos, de urbanismo, de saneamiento, montajes industriales, viales y de redes; traté de acceder a formarme como ingeniero civil, ya que la topografía como ingeniero solo la ofrecen en Bogotá (Universidad Distrital) y en Cali (Universidad del Valle), pero no pude concretar nada pues el ritmo de las obras y sus extensos horarios no lo permite, alcancé a cursar tres semestres de construcciones civiles en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid y uno que otro cursito de costura  en institutos non sanctus.

En octubre de 2013 me presenté a una convocatoria del SENA CDHC, Medellín, para una vacante de instructor de topografía, pues recién había terminado labores en las vías de acceso al proyecto hidroeléctrico Ituango y estaba buscando empleo; me animaron: la experiencia previa (un semestre) como catedrático de topografía para ingeniería civil de la Uniquindío en el año 2000, época de la reconstrucción del eje cafetero y las recomendaciones del también instructor y amigo Alejandro Arias.

A casi tres años en ésta labor de Instructor Sena, en la que Dios me ha puesto y me ha mantenido y que no pensé seria y detenidamente que llegaría a ejecutar, debo decir honestamente que me gusta, formar es una labor hermosa, humana, transmitir conocimiento o indicar la forma de obtenerlo y aplicarlo es muy valioso. No digo que tenga vocación de educador, formador o mentor, estoy a años luz de ser un “Maestro”, reconozco que no sé básicamente nada de los procesos del modelo Sena, que me falta preparación, pero estoy convencido que más allá de mi profesión o mi formación, siempre está el ser humano, ser persona, permanentemente dar testimonio coherente entre las palabras, los pensamientos y los actos. 

Sé que me mueve la buena voluntad, la honestidad y lo que considero buenos valores, mientras pueda transmitir esos principios, siempre habrá un motivo para enseñar, para aprender y una razón para luchar por esta bella labor a pesar de los altibajos que se nos presentan a todos en nuestro quehacer diario.